jueves, 29 de octubre de 2009

CUATRO HERMANOS, CUATRO DESTINOS

El Cacique de un pueblo originario de nuestro país tenía cuatro hijos. Un día los reunió y les dijo:
- ¡Hijos míos! Es tiempo de que cada uno de ustedes viaje por tierras desconocidas para aprender cosas que les puedan servir en el futuro.
Los jóvenes no querían dejarlo solo, pero fue tanta la insistencia y tantas las buenas razones que el padre les dio que al fin decidieron partir al día siguiente con la promesa de regresar al cabo de cuatro años para contarse lo que habían vivido.

Al amanecer, los hermanos saludaron a su papá y comenzaron a caminar, cada uno con un rumbo diferente.

El mayor, Lihuel, fue hacia el NORTE. Caminó mucho hasta que se topó con una choza de paja. Con curiosidad golpeó las manos y un hombre alto salió a recibirlo. El joven le contó que buscaba trabajo, el señor que era un indio MATACO al que le gustaba cazar yaguaretés, lo tomó como su ayudante. En poco tiempo, Lihuel aprendió las más variadas técnicas de CAZA. Ellos formaron un buen equipo de trabajo, con lo que cazaban, alimentaban a toda la tribu.

Pehuén, el segundo, caminó hacia el ESTE. Enseguida se perdió en un bosque. Como la noche se avecinaba muy oscura, trepó a un árbol para cobijarse y desde esa altura vio una vivienda. Entonces, abandonando el improvisado refugio corrió hasta allí para pedir albergue. El dueño, un indio GUARANÍ, lo hizo pasar a su casa donde había muchos cestos de mimbre y redes para pescar. En cuanto Pehuén le comentó que deseaba aprender un oficio, el guaraní le propuso enseñarle a PESCAR a cambio de compartir las ganancias.
Pehuén aceptó y comenzaron a practicar, al cabo de un mes, el muchacho fabricaba unos cestos increíbles donde guardaban el pescado que capturaban con sus resistentes redes.

Tupac, el tercer hermano, viajó hacia el SUR. No había ido preparado y estaba pasando mucho frío. De pronto encontró un toldo, golpeó las manos y salió un TEHUELCHE que inmediatamente le prestó una piel para abrigarse. El joven contó su historia y le pidió que le enseñara algo que le sirviera para la vida. El Tehuelche le enseñó a RECOLECTAR raíces comestibles y semillas. Fue así como Tupac aprendió a TRASLADARSE DE UN LUGAR A OTRO hasta encontrar lo que necesitaba para subsistir.

El menor, Quillén, caminó hacia el OESTE, se encontró con el pueblo MAPUCHE que CULTIVABA LA TIERRA. Les pidió que le enseñaran ese maravilloso oficio y ellos accedieron. Al cabo de un tiempo cosecharon nutritivos frutos.

Pasaron cuatro años de trabajo intenso y los muchachos, ya expertos, recordaron la promesa, de modo que se despidieron de sus queridos maestros aborígenes y emprendieron la marcha al hogar paterno.
El reencuentro fue inolvidable. Hubo risas, llantos, abrazos y apretones de manos. Cuando llegó el momento de contar lo vivido los cuatro hermanos coincidieron en una cosa: De norte a sur, de este a oeste, tenemos un maravilloso, rico y fértil país por descubrir, que es habitado por pueblos originarios que aman, cuidan y respetan el lugar donde nacieron.

1 comentario:

  1. Hermoso cuento, me sirvió para la tarea de mi hijo, gracia Seño!

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